Esto es lo que sabemos de Vicente Blasco Ibáñez.
Libros de Vicente Blasco Ibáñez
Estos son los libros que hay en nuestra base de datos para Vicente Blasco Ibáñez
Como todas las tardes, la barca-correo anunció su llegada al Palmar con varios toques de bocina. El barquero, un hombrecillo enjuto, con una oreja amputada, iba de puerta en puerta recibiendo encargos para Valencia, y al llegar a los espacios abiertos en la única calle del pueblo, soplaba de nuevo en la bocina para avisar su presencia a las bar...
Sus primeros amores fueron con una emperatriz. El tenía diez años y la emperatriz seiscientos. Su padre, don Esteban Ferragut—tercera cuota del Colegio de Notarios de Valencia—, admiraba las cosas del pasado. Vivía cerca de la catedral, y los domingos y fiestas de guardar, en vez de seguir á los fieles que acudían á los aparatosos oficios pres...
Madrid. Selecciones Gráficas. Aguilar, S.A. de Ediciones. 1967. 8º, 1663pp. Con lámina fotograbada del autor en negro sobre lámina couché fuera de texto para cada volúmen. Encuadernación homogénea plena piel original estampada, dorados, cinta punto de lectura, simil papel de arroz. Obras Eternas. Muy buen estado de conservación. Vicente Blasco I...
Madrid. Selecciones Gráficas. Aguilar, S.A. de Ediciones. 1967. 8º, 1778pp. Con lámina fotograbada facsímil en negro sobre lámina couché fuera de texto para cada volúmen. Encuadernación homogénea plena pasta original estampada, dorados, cinta punto de lectura, simil papel de arroz. Obras Eternas. Muy buen estado de conservación. Vicente Blasco I...
This historic book may have numerous typos and missing text. Purchasers can download a free scanned copy of the original book (without typos) from the publisher. Not indexed. Not illustrated. 1919 edition. Excerpt: ...to prison and others to the gallows. A wonderful people! Go and sacrifice yourself and expect something from them!... Ever since ...
Comenzaba á clarear el día cuando despertó el doctor Aresti, sintiéndose empujado en un hombro. Lo primero que vió fué el rostro de manzana seca, verdoso y arrugado de Kataliñ, su ama de llaves, y los dos cuernos del pañuelo que llevaba la vieja arrollado á las sienes. —Don Luis... despierte. Muerto hay en el camino de Ortuella. El jues que vay...
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La asistenta