Enviado el: 01/03/2013 17:21 por Tcastillo
Al Gobierno se le abre un nuevo frente donde quizá menos esperaba. Estados Unidos parece dispuesto a incluir de nuevo a España en la vergonzante Lista 301, lo que equivale a decir que formaría parte, otra vez, de esos países poco menos que proscritos —con sanciones comerciales si es necesario— por su afición a la piratería en Internet. El asunto tiene unas evidentes consecuencias diplomáticas. La Administración de Obama defiende con uñas y dientes a su industria creativa (cine, series, música, videojuegos...), lo que es completamente lógico si tenemos en cuenta que es una parte importantísima de su riqueza. Fue la presión norteamericana la que movió a Rodríguez Zapatero a lanzar la llamada ley Sinde y Rajoy ya está recibiendo ahora las amonestaciones correspondientes para que ponga en marcha las medidas necesarias para atajar esta sangría que no solo daña a la industria de EE UU, sino también a la autóctona. ¿Cómo es posible que España, tras aprobar la polémica ley Sinde y su posterior reglamento, siga siendo un coladero para los que se niegan a respetar los derechos intelectuales?
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#1 Es posible esta situación por muchos factores. El nulo apoyo a otro tipo de iniciativas, el alto coste de los libros y discografía que no se adecúa a los nuevos tiempos, la dejadez de una industria de la cultura que no ve más allá ni se adapta. Y algo tendrá que ver la crisis económica.
#2 En cuanto a libros no creo que sean pérdidas importantes. A pesar de tener libro electrónico desde hace más de dos años, no es lo mismo un libro en papel que uno en formato digital y los lectores somos mucho más "fetichistas" en ese sentido que por ejemplo muchos aficionados a la música o chavales que se descargan la película de turno. Creo que gran parte del problema está en esos precios tan inflados. Cuando era crio y el cine costaba poco más de cien pesetas y daban dos películas (las míticas sesiones dobles) casi todos los sábados tarde (o incluso algún domingo) terminabamos en el cine aunque la película no terminara de llamarnos la atención o incluso habiéndola visto anteriormente. Pero con los precios actuales, el cine se ha convertido en poco más que un lujo. Con la música ha terminado ocurriendo algo parecido, poniendo los CD a precios tan altos (18 o 20 euros por un CD) que la mayoría optan por la descarga ilegal.
La asistenta