Enviado el: 24/11/2012 11:35 por Orfeo
De ciudad en ciudad, de un país a otro, Eduardo Mitre ha ido construyendo, sin aspavientos ni desánimos, con una persistencia más bien solitaria que es más admirable cuando uno la ha observado a lo largo de muchos años, una voz poética que no se parece a la de nadie. Es una voz tan audible en los versos como cuando habla, con un deje boliviano lento y limpio, y acarrea ecos de otras voces fundamentales de la poesía, muy antiguas y de ahora mismo, en el noble español de Jorge Manrique, Fray Luis, Antonio Machado, Octavio Paz, y en las otras lenguas en las que a Eduardo le ha permitido sumergirse su vocación de lector y su vida errante.
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