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<title><![CDATA[Comentarios al libro: CELAYA DURANTE EL II IMPERIO: 1863-1867 (EL BAJÍO)]]></title>
<link><![CDATA[https://api.biblioeteca.com/biblioeteca.web/titulo/celaya-durante-el-ii-imperio%3A-1863-1867-%28el-bajio%29]]></link>
<description><![CDATA[Durante los casi cinco años del II Imperio, Celaya era una pequeña ciudad del Bajío guanajuatense que se avino sin dificultades al gobierno de Maximiliano de Habsburgo, en virtud de coincidencias derivadas de añejos orígenes compartidos.<br />En el transcurso de los dos primeros siglos de virreinato, bajo la Casa de Austria, el pueblo novo-hispano y más tarde mexicano adquirió en lo fundamental su específica idiosincrasia mestiza.<br />La presencia de Maximiliano en México, fue contemplada como un salvador dique a las discordias intestinas que ensangrentaron su suelo en las primeras décadas de independencia política. El príncipe austríaco llegó en plan de pacificador y de constructor de un proceso civilizatorio que resultaba imposible entre el sordo rumor de las armas esgrimidas por los militantes de los partidos liberal y conservador. Con una dosis de romanticismo inherente a la época, el príncipe austríaco llegaba a tierras del Anáhuac, no como conquistador de un reino virgen, sino como "emperador del pueblo", obediente a un régimen constitucional, donde tuvieran cabida armónica los elementos de uno y otro bando.<br />Sin embargo, esta actitud contemporizadora no encontró eco en los exacerbados ánimos, irreductibles en sus respectivas posiciones ideológicas y políticas, con lo cual se canceló una alternativa de convivencia nacional.<br />La lucha se prolongó, aunque bajo cierto control a favor del emperador mientras se contó con la estancia en México de las tropas napoleónicas. El equilibrio se alteró cuando el soberano de los franceses hubo de replegarse a sus trincheras, frente a la doble amenaza de los imperios estadounidense y prusiano, que buscaban refrendar o establecer su liderazgo y condiciones propicias a un reacomodo de fuerzas en el mundo. Finalmente Napoleón dejó abandonado a su suerte a su protegido, que en breve cayó en el precipicio del desastre.<br />En todo este lapso, Celaya se mantuvo fiel al Imperio, sin alardes, pero obedeciendo las directrices del gobierno central, a través de la Prefectura Superior del Departamento Imperial, de la Prefectura que devino Subprefectura y de la Prefectura Municipal que asumió las funciones de la alcaldía o Presidencia Municipal.<br />Celaya a veces se constituyó en escenario del aparatoso tránsito de las tropas imperiales hacia diversos rumbos del territorio nacional, gracias a su situación geográfica privilegiada que secularmente la han convertido en encrucijada de caminos y de la historia. <br />La actitud de los celayenses y en especial de sus autoridades, no se caracterizó por una sumisión incondicional o servil a las fuerzas de ocupación, sino que incluso protagonizaron un capítulo ejemplar en defensa de la dignidad de los habitantes, cuando soldados extranjeros se excedieron en sus atribuciones contra algunos vecinos.<br />Por otro lado, el Ayuntamiento procuró en todo este período, mejorar las condiciones de existencia de los habitantes, pese a la crónica anemia presupuestal que lo obligó eventualmente a acudir a las instancias superiores en busca de fondos adicionales para, por ejemplo, reparar los continuos daños que se inferían a los bordos del Río de La Laja, que hasta tiempos recientes amenazó a Celaya con sus desbordamientos en temporadas pluviales. <br />El mismo emperador fue testigo ocular, cuando visitó Celaya en agosto de 1864, de las numerosas carencias de que adolecía la población, y no obstante las medidas que adoptó para al menos mitigarlas, éstas continuaron gravitando casi de manera irremediable.<br />]]></description>
<lastBuildDate>Thu, 09 Apr 2026 03:51:10 +0000</lastBuildDate>
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