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EL TAPIZ EMBRUJADO (RELATOS ROMÁNTICOS Y FANTÁSTICOS)


AUTOR: ; ND
 
 
  • Portada de EL TAPIZ EMBRUJADO (RELATOS ROMÁNTICOS Y FANTÁSTICOS)

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Sinópsis del libro:

  • EL TAPIZ EMBRUJADO
    CAPÍTULO I

    Un estruendo resonó por la pequeña parroquia. Me encontraba en mi dormitorio bordando primorosamente un paisaje extraño.

    Solté mi costura de mis manos asustada. Se iluminó toda la estancia con el restallar de los rayos.

    Nunca había visto desatarse una tormenta tan bruscamente. Ya había atardecido y me encontraba junto al fuego de mi chimenea con las velas encendidas, aunque ahora se tornó la noche más cerrada.

    Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Jamás había sentido miedo por ninguna causa. Pero en estos momentos me encontraba sola.

    Mis tíos habían salido de viaje durante una semana, para visitar en una aldea lejana, a unos pobres enfermos que necesitaban de su ayuda, tanto en la sanación corporal y espiritual.

    El párroco de la Iglesia, Henry, mi querido tío, me acogió siendo una recién nacida cuando mi madre murió en el parto y mi padre que era pescador, desapareció en las frías aguas del Océano y nunca se supo más de él.

    Ya han pasado dieciocho años y mi vida ha transcurrido en nuestra pequeña aldea de campesinos. Formamos una familia muy unida y nos ayudamos en todo lo que podemos. Si algún niño enferma, soy la primera persona a la que buscan para que lo atienda. He nacido con un don para sanar a las más frágiles de las criaturas del Señor y los adoro a todos ellos, sintiéndome también querida por mis aldeanos.

    Les cuido y les ofrezco mi cariño. A menudo les enseño a leer y escribir y con las historias de aventuras, les encandilo hasta hacerles soñar con ellas.

    Con una sonrisa en la expresión de sus rostros y un poquito de felicidad me doy por satisfecha.



    En estos momentos bordaba un tapiz, para colgarlo en la pared de la parroquia.

    Me imaginaba un caballero con su afilada espada, defendiéndonos de los dragones que nos atacaban.

    ¿Por qué seguía cosiendo pulcramente, con los colores tan vivos, un paisaje semejante?

    No controlaba mis dedos al introducir la aguja y mezclar los hilos de lana, dando forma a un personaje que desconocía.

    Simplemente deseaba bordar unas bellas flores, que adornaran la iglesia y le dieran un poco más de alegría en sus desnudas paredes.

    Creo que no podré mostrar esta obra. Pensarían que algún espíritu se habría apoderado de mi ser. Nadie debía saber este secreto, que tan celosamente guardaba.

    Me asomé a la ventana y contemplé el juego de luces en el cielo y escuché los terribles truenos.

    Corrí las cortinas, apartándome del infierno que se estaba desatando en las afueras de la humilde rectoría.

    De repente me sentí muy sola, sin otra compañía que mis propios pensamientos.

    Con un suspiro de tristeza, recogí la labor que había tirado al frío suelo y en la espartana habitación, sin cuadros, ni espejos, únicamente poseía: un colchón de lana con unas viejas mantas, una cómoda y un pequeño armario para mi ropa… Miré mi costura y se me ocurrió estirar el tapiz sin terminar, encima de mi cama, deseando darle un poco de color.

    Lo contemplé y me maravilló la perfección del caballero, todo vestido de negro, cubriéndole una oscura máscara. Únicamente sus ojos resaltaban a través de ella, con un verde brillante. Su caballo de batalla también era negro y galopaban como un solo ser, luchando a la vez contra tres criaturas aladas. Los dragones echaban fuego por sus fauces e intentaban matar al noble Señor, rodeándole y acechándole con sus garras.





    Estaba embelesada admirando la cruenta guerra, cuando la ventana se abrió de par en par, apagando las velas y extinguiendo el fuego de la chimenea. Un estruendo me hizo estremecer, cayéndome encima del tapiz. Sentí como si me abrazara el telar, cerré los ojos con temor y me desvanecí.
    ?


    CAPÍTULO II

    ¡Mataremos a estos dragones, mi fiel Bogart! ¡No volverán a atacar el Castillo y destruir toda la aldea!

    Corríamos como el viento mi caballo y yo, para dar caza a los malditos demonios del infierno.

    Habían destruido todo lo que amaba en este mundo y prefería morir que seguir viviendo, no sin antes acabar con estas t

    Idioma: CASTELLANO

 
 

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